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jueves, 29 de enero de 2015

LADY HESTER STANHOPE, "LA REINA BLANCA DE PALMIRA"

Nacía Lady  Hester en el seno de una familia aristocrática inglesa, el 12 de Marzo de 1776. Como era corriente en esa época, fue educada con institutrices, pero ya desde su niñez demostró ser distinta a las otras niñas de su posición social. Le aburría el rol de las normas de educación, tenía una personalidad fuerte con tendencia al liderazgo y sus gustos eran poco habituales en una mujer; como la caza, los caballos y todo lo relacionado con las aventuras y  exploraciones. Poseía además, rasgos físicos que la hacían más extraordinaria, elevada estatura, complexión amazónica y  estaba dotada de un gran ingenio e inteligencia. Aunque creció en su casa paterna, a los 24 años, fue enviada al castillo de Walmer a vivir con su tío William Pitt y su abuela Hester, condesa de Chatham.
La relación con su tío que era ministro y estaba soltero, llego a ser muy estrecha hasta el extremo de asumir el papel de pseudo-esposa en Agosto de 1803. En esta posición de anfitriona se hizo conocida por su carisma  y su conversación animada e inteligente, pero era demasiado franca , directa y con falta de tacto, ya que detestaba y ridiculizaba a los conocidos de su padre que le parecían mediocres. Puesto que su relación con el nunca había sido buena. Su personalidad opacaba un tanto a la de su tío y aunque era divertida para la mayoría de los políticos, también hizo enemigos dentro de ese grupo y algunos se la jugarían mas tarde. También actuaria de secretaria personal de Pitt, ya que tenía talento para los negocios.
Toda su vida cambia, cuando su tío William fallece después de una larga enfermedad, en 1806 a la edad de 47 años. Desaparecieron las influencias sociales y su mundo se tornó solitario. La herencia vitalicia que le proporcionaba la corona, no alcanzaba para mantener el estilo de vida llevado hasta entonces.
Es aquí cuando nace la leyenda de Lady Hester, comienza su andadura, primero por varios lugares de Inglaterra y más tarde por el extranjero. Se dice que fue un desengaño amoroso lo que la llevó a salir de su país para no regresar jamás  a él. También cuentan que pudo ser debido a la muerte de su tío, del que comentan que estaba profundamente enamorada. Sea como fuese, Lady Stanhope, emprendería su primer viaje a Grecia. Allí en Atenas, se dice que el mismo Lord Byron, a la llegada del barco que la transportaba, se arrojó al agua y fue nadando a conocerla. Después de esta parada, en el país heleno siguió rumbo hacia Constantinopla y más tarde a El Cairo, pero antes de llegar a su destino, su barco naufragaría a causa de una tempestad, yendo a parar a la  isla de Rodas.
Con la pérdida de sus pertenencias en Rodas, le ofrecieron vestidos de mujer turca, pero dicho atuendo incluía velo y ella se negó a usarlo decidiendo vestirse de hombre, con chilaba, babuchas y turbante. Le gustó tanto la experiencia que una vez que llego a El Cairo, adquiriría una indumentaria masculina más elegante  y apropiada a su clase social. Recorrió Oriente Medio siendo recibida por varios jeques con temor y respeto, debido en parte a su imponente aspecto y  a su carácter. Siempre se negó a llevar velo en estas tierras, donde era tomada por un joven turco. Incluso en Damasco, ciudad integrista, se paseaba vestida de hombre a lomos de su caballo y a plena luz del día, toda una temeridad que pudo haberle costado la vida.  En Jerusalén consiguió que tras recibirla el gobernador, las puertas del  Santo Sepulcro se abriesen especialmente para ella, en un tiempo donde las mujeres no podían entrar al templo.
Llegó a desafiar tribus de beduinos hostiles, que más tarde se convertirían en su escolta. Después de atravesar el desierto al frente de una caravana de camellos, llegó a la ciudad de Palmira en 1813. Allí la recibieron como si fuese la reencarnación de Zenobia, la mítica reina de esa ciudad. Hizo circular el rumor de que había tenido varias visiones que la señalaban a ella como predestinada para ser la prometida de un nuevo mesías. Con esto consiguió ganarse el respeto de la gente de la zona y empezaron a llamarla la Reina Blanca de Palmira. Cuando se canso de sus viajes y de haber explorado tantas cosas como desde los castillos templarios, aldeas romanas, yacimientos arqueológicos hasta los escenarios bíblicos de tierra santa, se asentó en un monasterio abandonado de las montañas de Sidón en el Líbano. Allí se organizo su propia vivienda al estilo turco, recreando una fortaleza digna de los cuentos de las mil y una noches.
Tuvo la suficiente valentía como para dar asilo a los refugiados drusos y de otros clanes, victimas de sus luchas internas, lo que le valió la enemistad del emir Bashir II. Adquirió suficiente poder como para que Ibrahim Pacha solicitase su neutralidad, antes de invadir Siria en 1832. Había logrado convertirse en casi una jefa de estado. Su fama se extendió desde Damasco hasta la misma Inglaterra, lo que ocasionaba que ningún viajero Europeo  que se preciase, pasara por Oriente Medio sin intentar entrevistarse con ella.
Su última expedición, la dejo en la más absoluta ruina, se había empeñado en encontrar un tesoro en la ciudad de Ascalón, guiada por un antiguo pergamino, pero nunca encontró lo que esperaba. Si a eso se suma el nivel de vida que llevaba y las deudas que iba contrayendo, todo esto propiciaría que el gobierno británico, le embargase la pensión vitalicia para pagar a sus acreedores. Aun así, Lady Hester no renunció nunca a su forma de vida, hasta que en el invierno de 1837, cayó gravemente enferma de una pulmonía de la que nunca se recuperaría. Momento que aprovecharon sus sirvientes para cobrarse todo lo que les debía, saqueándola por completo. Moriría en su cama en Julio de 1839, cubierta de harapos y rodeada de más de 40 gatos.


Lady Stanhope, vivió bajo sus propias normas. Se le atribuyeron muchos amantes, fue criticada por convivir con algunos de ellos en una sociedad que no admitía liberalismos de ese tipo en una mujer. Consiguió ganarse el respeto en un mundo como Oriente Medio, donde las mujeres no tenían ningún rol. Llevó su valentía hasta límites insospechados dentro de la política, en un país con problemas internos. Su gran amigo y confidente, el doctor Charles Meryon que la acompañaría en sus viajes durante 28 años, como médico de cabecera, diría de ella: "El sueño de la vida de lady Hester fue el poder y el mando, y la cuestión era que no podía acceder ni al uno ni al otro. Se veía excluida, por su sexo, de virreinatos y gobernaciones: tenía el genio de un héroe, pero no podía mandar flotas ni ejércitos, ni presidir consejos de Estado".

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