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jueves, 5 de febrero de 2015

LAS ISLAS MALDITAS...POVEGLIA Y SPINALONGA

Las Islas Malditas…..
Se que os tengo ya casi acostumbrados a los personajes fantasmales o a los de leyenda, sin embargo, esta vez quiero que viajéis conmigo a lugares que pondrían los pelos de punta al mas “pintado”. Quizás sea, que el Otoño, nos invita con sus colores y su luz tenue, a participar de estos enclaves tan misteriosos.

         Como en una pesadilla, viajamos en barca hasta donde los vivos no regresan de su travesía. Un lugar apartado donde cientos de almas tienen su morada, podemos sentir el hedor de la muerte. Solo el tiempo imperturbable es testigo de lo que allí acontece, como en un mal sueño. A nuestro paso, oímos el crepitar de los miles de huesos al romperse… pase lo que pase,no vuelvas la vista atrás o quedarás  en la isla del no retorno para siempre.
         Viajamos en el tiempo para adentrarnos en unas islas únicas, Poveglia, conocida también como la isla de los muertos, o la isla del no retorno y Spinalonga a la que se le da el nombre de “la isla de los condenados”.
 Poveglia, se halla situada en el norte de Italia, entre Venecia y el Lido, en la Laguna Veneta.
         Durante el siglo XIV  comienza su tétrica historia. Situémonos en el tiempo, Europa se encuentra al borde del colapso, la población está sufriendo una fuerte enfermedad infecciosa de origen bacteriano, la peste bubónica. La ciudad de Venecia a pesar de la fascinación que ahora ejerce sobre sus ciudadanos o los turistas, durante la peste negra, sus habitantes sufrieron mas que nadie las consecuencias de vivir en una zona rodeada por el agua. En una época con falta de higiene diaria y sin modo de evitar contagios, las enfermedades se transmitían de manera asoladora.
Cuando la enfermedad hizo mella en Europa, la pequeña isla de Poveglia, se había convertido en una pesadilla para sus habitantes. Con el propósito de erradicar la enfermedad, los enfermos y muertos de peste eran llevados a la isla, sin posibilidad de retornar. Fue entonces cuando se la empezó a conocer por” la isla de los muertos “o “la isla del no retorno”.
         Una vez dentro de la isla, los cadáveres eran arrojados  a fosas comunes, donde posteriormente se les prendía fuego con el fin de purificarlos. Las personas encargadas de esa labor también tenían que quemar los ropajes de los difuntos, ya que podían contener restos de la enfermedad. A que esto os recuerda a algo que está sucediendo ahora?...
 Pero esto no es lo mas tétrico, los ciudadanos de los que se sospechaba que podían estar infectados, eran llevados también a Poveglia en donde terminarían sus días, vagando por sus calles, esperando a que llegase la muerte, bien por causa de la enfermedad o por inanición. Cuentan que al final, incluso eran arrojados a las piras crematorias con vida. Se calcula que un total de 160.000 personas fueron quemadas en ese lugar.
         Durante los siglos posteriores, Poveglia fue el lugar idóneo para el control de diversas plagas, con lo que se estima puede haber en la isla un total de 300.000 cadáveres.
         Con el tiempo, la mala fama de la isla desaparecería brevemente, ya que en el año 1922, el gobierno italiano decidió edificar un hospital psiquiátrico en torno al antiguo convento, conservando su famoso campanario.
         Cuentan que, los enfermos mentales que allí ingresaban se sentían intranquilos y pronto empezaron los rumores de que la isla estaba maldita y que los fantasmas pululaban a su antojo. Puesto que eran enfermos mentales, nadie les hizo caso, a pesar de que afirmaban una y otra vez que oían los gritos y lamentos de las personas que allí habían muerto, e incluso podían oír  el sonido de las campanas a media noche. La noticia pronto se extendió por toda Venecia, la isla volvía a ser motivo de comentarios y a su vez el hospital psiquiátrico adquiría una reputación esperpéntica. El motivo, los experimentos que se realizaban  a los pacientes. Desde extraños métodos de curación, hasta lobotomías e incluso trepanaciones.
         Según testimonios del personal de la institución, el director del hospital no tardo demasiado en perder la cabeza, volviéndose loco. Comentaban que estaba siendo acosado por los fantasmas de los incinerados durante la peste negra. Sintiéndose desesperado e imposibilitado para continuar con sus funciones, se quitaría la vida tirándose desde la torre del ya famoso campanario.
 La única testigo del suceso, comentaría  que el hombre no murió en la caída, una espesa niebla  lo rodeó y lo ahogo hasta matarlo  cuando  yacía en el suelo.
         Tras la fatídica muerte del director, las autoridades se vieron obligadas a intervenir, siendo cerrado el hospital y la isla abandonada.
         En 1960, una familia acomodada decide comprarla con la idea de hacerse una casa de vacaciones en ella. Se sabe que solo pasaron una noche en la isla, ya que al día siguiente salieron de allí con la intención de no regresar jamás. Cuando se les pregunto por el motivo, no quisieron comentar nada al respecto, lo único que se supo es que una de sus hijas había tenido un accidente que le afectó al rostro.
         Hoy en día el acceso a la isla está prohibido. Los que se han aventurado a entrar en ella esquivando las patrullas de la policía italiana, comentan que no volverían allí, pues la atmosfera que se respira es pesada e incluso maligna. Además de haber observado sombras en movimiento y algún sonido extraño que recorre todo el lugar.
         En algunas ocasiones cuando el oleaje es mas fuerte de lo normal, dicen que, todavía arrastra restos de los huesos de la gente que allí fue incinerada, y es que el núcleo de Poveglia está formado en su mayor parte por esos mismos restos.
Si, lo sé…a uno se le queda el cuerpo con una sensación un tanto extraña. Pero necesito que os preparéis para lo que  viene a continuación, pues esta historia no es nada comparada con la que viene ahora…

         Spinalonga, es una pequeña isla situada en el noroeste de Creta, su historia es tan curiosa como trágica y cruenta.  Aunque en principio no era una isla propiamente dicha, si no una prolongación de la misma isla de Creta. Fueron los venecianos, durante su ocupación, los que escindieron una parte de la península, para convertirla en fortificación. En 1715, perdieron el control de la isla bajo el asedio turco. La guarnición que habitaba Spinalonga, temiéndose un trágico final, propuso a los turcos un pacto,  consistía en entregar la fortaleza a cambio de salvar sus vidas. En un principio aceptaron, pero cuando las tropas venecianas entregaron la isla, los turcos los masacraron sin piedad. Décadas después,  la resistencia cretense persistía en su empeño para liberar la isla. Esto propicio que Spinalonga fuese el escenario  de terribles sucesos, como torturas, asesinatos, violaciones y todo tipo de aberrantes vejaciones.
         Las crónicas relatan como los turcos, arrasaron una aldea e hicieron presos a los supervivientes, trasladándolos a la isla. Una vez allí, castraron a los hombres y después los degollaron delante de sus mujeres e hijos. Cuentan que fue tanta la sangre vertida al mar, que las aguas de la bahía se tiñeron de rojo durante varios días.
         Los cretenses intentaron sin descanso la recuperación de  Spinalonga, hasta que se les ocurrió un macabro plan, consistía éste en enviar hacia la isla a los leprosos que habitaban las cuevas de los acantilados de Placa, un pueblecito pesquero. Ante el temor de contagiarse de lepra, los turcos la abandonaron  en el año 1903. Fue así como Spinalonga se convertiría en la isla de los leprosos, una vez que Creta volvió a tener el dominio, las autoridades parece que se olvidaron de sus nuevos inquilinos, es mas, se permitió el envío de enfermos de toda Creta, Grecia y otros países de Europa. Allí se hacinarían aislados del mundo, decenas de enfermos y sin apenas asistencia de ningún tipo. Seria en 1939, cuando un medico llamado Darius  Nicolaus, después de contraer la enfermedad se instalaría en la isla junto a un sacerdote y entre ambos llegarían a construir un hospital y una capilla. Tras el estallido de la 2ª guerra mundial también aparecería por Spinalonga , un médico y oficial alemán llamado Siguer, que atraído por la investigación de dicha enfermedad, se instalaría en la isla con una enfermera, era tal su obsesión por ayudar a los leprosos, que llego a secuestrar un barco de la cruz roja para repartir el cargamento entre los enfermos.
         Todos estos hechos son narrados por Victor Zorbas, en su  libro: la isla de los condenados, después de investigar y contactar con un pariente de los últimos leprosos de Spinalonga. Este hombre que antes que escritor fue el precursor de los primeros viajes  a la isla, después de que en 1965 el gobierno cretense dispersase por los diversos hospitales a los últimos enfermos, cuenta que en los años en los que se estaba acondicionando la isla para el turismo, se documentaron decenas de casos paranormales. Desde su primera visita a la fortaleza, Zorbas sintió una misteriosa e inexplicable atracción por aquellos viejos murallones. Un día, acudió a Spinalonga, acompañado de un escritor y periodista británico,  quien a raíz de esta visita, comenzó a tener extrañas pesadillas que se repitieron durante varios días. En ellas el británico parecía revivir una vida pasada como leproso, al mismo tiempo que tenía la sensación de haber muerto en la isla. Cada vez que acompañaba a Zorbas, se quedaba sumido en un doloroso estado de angustia depresiva. Decidió abandonar Creta para no regresar jamás. Experimentaría realmente una regresión a una vida anterior, o seria sugestión por el ambiente del lugar y sus particulares circunstancias históricas?. Lo que si es mas real es el hecho de que no solo las personas se ven afectadas por la misteriosa energía que mana de Spinalonga, dicen que los relojes dejan de funcionar.
         Quizás el lema en latín que reza en el arco de la entrada de la isla el cual dice lo siguiente: “Oh vosotros, los que entráis en este lugar, abandonad toda esperanza”. Tenga su base de razón, lo grabaron los venecianos y pertenece a un fragmento de “La divina comedia” de Dante, concretamente al pasaje en el que los protagonistas llegan a las puertas del infierno.
Espero que nadie tenga que pasar jamás por todas estas vicisitudes…

María De Barreiro.

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